Venezolano: apología a la violencia

El ciudadano venezolano, hoy experimenta una sensación -en cualquier ciudad- negativa, una sensación de inseguridad que atemoriza y mantiene alerta los sentidos, sin importar, la zona, la hora o el día. Pero este fenómeno llamado sensación de inseguridad se coló en el venezolano desde hace varias décadas, permeando clases sociales, modus operandis, frecuencia y magnitud. Venezuela tal como cualquier país suramericano no escapa de la dinámica que representa formar parte del tercer mundo.

Este fenómeno violento puede leerse desde diferentes y distantes puntos; la desigualdad, la irrecuperable brecha entre la clase alta y la baja; las políticas económicas, que solo funcionan para el pudiente al mismo tiempo que el pobre es más pobre; el resentimiento y la necesidad, mientras que la clase alta trasmite su asco por la clase baja se crea un vínculo negativo bilateral que aunado a la necesidad de querer salir de la miseria, del hambre, de la inseguridad y la problemática inherente al barrio son un excelente caldo de cultivo para el resentimiento. Estos son solo algunos factores macros que suman al círculo vicioso de la violencia.

Sin embargo, hay decenas de aspectos micros que son protagonistas en el tema social que hoy tienen y mantienen a Venezuela como uno de los países más violentos del mundo. Por ejemplo; la educación, la familia, la salud, el urbanismo, el sistema judicial y penal, las fuerzas militares y policiales, entre otros. No es un secreto para nadie que Venezuela siempre ha manejado altos índices de pobreza, hasta nuestros días, muy a pesar del PIB petrolero, tampoco lo es su tasa de embarazo precoz, menos lo es la poca inversión y abandono del sistema salud y sus redes de hospitales, dispensarios y CDI. Por otra parte está el sistema judicial y las cárceles venezolanas con sus altos índices de sobrepoblación, retraso en los procesos judiciales, la casi nula presencia de fuerzas militares y policiales en estos recintos y el mundo albedrío existente en esos pabellones y rejas.

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Entonces ¿qué tienen que ver estas pasadas décadas negativas de Venezuela? la respuesta es simple: todo. La violencia forma parte de gran número de venezolanos y funciona como una herramienta o modo de sobrevivencia. Muchos venezolanos se ven caminar por las aceras con rapidez, a la defensiva, con “cara de cañón” y ante cualquier sensación de amenaza (que no necesariamente puede ser una amenaza) puede causar una lluvia de improperios, amenazas con postura de choque y buscando por dónde huir. Sin embargo, otro punto de gran importancia y que puede ser “inconsciente” en el colectivo venezolano, es la inclusión de términos, frases, metáforas, sustantivos de una jerga hamponil al lenguaje común. Este fenómeno de inclusión de la jerga “malandra” es de uso frecuente en el vocabulario del venezolano, pero visto de buena manera para la mayoría, recibiendo aprobación por el contexto y es asumido por el hampa (en algunos casos) como una pared.

Además, hay algo muy particular que sucede en las clases bajas, barrios y sectores populares que es el respeto y veneración que gozan los azotes y malandros de la zona. Los niños crecen con la imaginación que serán respetados por estar “empistola’o” y con una moto de baja cilindrada por el barrio en asuntos de drogas y bandas, y esto se ve reforzado por el alto tráfico de “amores” con que cuentan estos delincuentes, el “respeto” o mejor dicho sumisión por parte de los vecinos, es visto como una meta, como un ideal. Mientras que si vives en el barrio, pero tus planes son otros: estudiar, trabajar, entonces eres un “bobo” un “Antonio” y no gozas del respeto de estos sujetos, y tus propios vecinos -ajenos al hampa- te ven con cara “guevón” o sometido, desprestigiándote frente a todos. 

A pesar de todo esto y descrito someramente se puede detallar en un breve repaso más aterrizado si vemos algunas noticias por redes sociales donde hay videos, noticias e imágenes de delincuentes abatidos, policías y militares inmersos en actos delictivos, chocando unos contra otros, con el verbo y la mímica. Otro dato interesante de conocer sería la cantidad de armas -legales e ilegales- existentes en el país. La apología a la violencia es un estilo de vida nacional. Aunque sería interesante hablar del tópico político-militar, no quiero tocar este tema tan aspirado por los venezolanos, desde hace muchas lunas hasta nuestros días.

Un duro golpe a este fenómeno iniciaría por un ceñido y justo cumplimiento de la leyes, sentencias justas y oportunas, un sistema penal funcional, sano y constructivo. De la mano debería ir el asentamiento en su debido lugar a las policías y militares del país con su justa remuneración por cumplir con sus deberes y trabajo. Además de una ininterrumpida campaña de desprestigio a los antivalores. La fomentación y acompañamiento en temas culturales y deportivos. Las políticas de estado deberían ser efectivas, ejecutadas y acompañadas por los entes correspondientes, aunado por políticas rígidas dirigidas a la corrupción cero. Pero, todo esto no sería posible sin el @Juan_Bimba, el venezolano de a pie, que trabaja, estudia y suma día tras día, que quiere y sueña con un mejor país, con oportunidades, con sueños alcanzables, con respeto por el otro venezolano, que quiere un futuro bonito para su familia y cercanos, sueña que esa extraña e invasiva sensación de seguridad sea una calima positiva, agradable y segura para todos.

¿Te da flojera leer la nota? entra aquí y escúchala

“O corres o te encaramas”

 

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