El venezolano: y el Hampa (el vivo bobo)

Según cifras extraoficiales, en enero de 2017 entraron a la Morgue de Bello Monte (Caracas) más de 500 cadáveres, se dice que la mayoría fueron muertes violentas. Esto aunado a los cientos de denuncias, videos y anécdotas de robos, hurtos, secuestros y actos delictivos conforman un manto negativo que se traduce en la nefasta sensación de seguridad que se vive en Venezuela. Como ya nos tiene acostumbrado, el estado no nos ha ofrecido las cifras oficiales del año 2016 (y años anteriores), decisión que nos mantiene en plena desinformación.

Ahora bien, el venezolano necesita estas estadísticas para corroborar el caos violento en el que se desenvuelve diariamente, asimismo, el estado pueda plantearse estrategias hampapara cumplir con el derecho constitucional de seguridad ciudadana. Sin embargo, el gobierno sufre y padece por tapar esta verdad. Estos extraoficiales números negativos, de la paupérrima sensación de seguridad, denuncias, noticias, grabaciones y cientos de pruebas reales son el resultado de miles de armas en la calle, pobreza, injusticia, desigualdad, resentimiento y necesidad suprema. Todos estos términos van en un aumento alarmante. A pesar de esto, el estado venezolano continua en su carrera armamentista.

Ya aclarado el contexto macro de la delincuencia, iré al contexto micro o mínimo de este elemento social. El delincuente común, en su plaza, zona, sector, barrio y callejón, se desplaza sobre una nube de poder e impunidad que le ofrece lo que necesita en su corta vida, reproducirse y alimentarse, aunque algunos gozan de escasos extras. Para aquellos que han crecido en zonas populares conocen de primera mano que la vida de un delincuente es bastante corta, pero además, es bastante rutinaria y patética. Llenos de miedo y temor no se atreven a salir de cierto perímetro que les “garantiza” su seguridad. Por lo que estos sujetos, no suelen usar ese dinero proveniente de actos delictivos para conocer el país, comprar propiedades y darse buena vida, por el contrario, lo usan para comprar más armas, más droga, pagar salidas de prisión, peajes, chantajes y fumarse esas supuestas ganancias.

Parece un círculo vicioso sin beneficio a largo plazo. No existen sueños de vida en estos sujetos. Viven el día a día sin tener la mínima conciencia del valor de la vida. Por esta razón, no les da remordimiento violar y asesinar a otros tanto fuera como dentro de los penales. Entonces ¿para qué ser “malandro”? porque la verdad es que pierdes más de lo que ganas. Quizá sea un modo de ser “respetado” en vida, dentro de tu pequeño radio de conocidos, quizá por eso del jalabolismo, el miedo o esa apología a la violencia. Sin embargo, la verdad es que los vecinos de esos “malandros” hacen fiesta, sin respeto alguno cuando estos individuos caen abatidos, a veces sin estar “empistola’os” o sin accionar esas armas que tanto desfilan en el barrio y ahora en redes sociales.

¿Moraleja del tema? Prefiero ser un @Juan_bimba que puede viajar, conocer y vivir en libertad, sin el miedo petrificante de no poder salir de 4 callejones por temor a otro sujeto. 

“A correr piojo, que lo que viene es peine”

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