Momentos JuanBimbaSite: Facebook y amigos ideológicos

Transcurría el mes de mayo del 2015. Eran, aproximadamente las 4pm de un domingo común. Estaba metido en Facebook, y uno de mis contactos publicó una opinión sobre Venezuela y el mal momento generalizado que atravesaba. El comentario fue muy crítico hacía el gobierno, aunque el dueño del comentario no ha sido opositor, pero tampoco se delata como chavista. Es como una especie de sobreviviente que critica y defiende a conveniencia.

El comentario generó cierta reacción en algunas personas, y entre likes y sonsos comentarios apareció Pedro Pérez con una posición dura y radical a favor del gobierno y contradiciendo el obvio y débil argumento de mi contacto, aunque no le quitaba veracidad a su crítica.

Fue cuando decidí escribir mi idea en ese muro. Dónde me exponía y exponía mis ideas. Como en un juicio. Y así se nos dieron las 9pm. Perdí la cuenta de todos los comentarios que había escrito a modo de respuestas, preguntas, invalidación, desmintiendo con cifras, comparando con otros momentos históricos, otras realidades y hasta el punto de molestarme, reírme y por último cansarme. Creo que del otro lado de la pantalla ocurrió lo mismo. Finalmente, este sujeto me ofreció su respeto por la argumentación y el debate. Nos despedimos. Cerré la laptop y fui directo a dormir, mentalmente agotado.

Pasaron muchos meses. Estaba en medio de un grupo de panas. Excompañeros laborales, de la cuadra, del colegio. Entre risas y conversaciones me acerqué a un viejo compañero de trabajo y conversamos tendido. En algún punto pasó a un tono de confidencialidad, comentándome sobre el destino de un antiguo compañero laboral en común. Se refería a Pedro Pérez. La historia fue corta pero muy cargada. Me contó que Pedro Pérez fue miembro de la fuerza militar y era un ideológico comprometido con la causa chavista. Pero que tenía una situación complicada.

El contexto no ayudaba para asimilar el cuento. Entonces, este decidió resumirlo. A Pedro Pérez le pagaron tantos bolívares (según mi cuenta 3 sueldos mínimos), le prometieron un carro chino (Arauca) si asesinaba a un tal sindicalero revolucionario. Así lo hizo. Y cuando regresaba de la encomienda ideológica una comisión de la policía lo detuvo. Inmediatamente lo inculparon del asesinato. A los meses, y después de no poder negociar su salida por no contar con el dinero suficiente para un soborno policial, le tocó aceptar su destino penitencial. Y así está ahora; preso, sin el Arauca, ni los 3 sueldos mínimos. El sindicalista muerto. Y el autor intelectual libre y sin culpa.

Me quedé pensando en aquel domingo de Facebook. Donde los comentarios de Pedro Pérez y los míos se cruzaron, debatiendo fiel y religiosamente sobre política, economía y la sociedad. Armamos una Utopía venezolana, donde evitaríamos los errores de los gobiernos y tomaríamos ese orgullo nacional y los buenos proyectos para que Venezuela fuese nuestro paraíso repleto de equidad y justicia social. Es muy probable que este antiguo compañero laboral esté haciendo proselitismo político, dando cátedra de moral, principio y valores en algún penal del país.

“El que a hierro mata, a hierro muere”

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